Temática: Cuidados
Entidad: CEPAL
Fecha: 11/08/25 al 15/08/2025
La Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe es el principal foro intergubernamental de las Naciones Unidas sobre los derechos de las mujeres y la igualdad de género en la región.
Esta XVI sesión, celebrada del 12 al 15 de agosto en Ciudad de México, puso en primer plano una verdad aún incómoda: el cuidado sigue profundamente atravesado por desigualdades de género. No se cuida sólo en el presente; se cuida a lo largo de la vida e intergeneracionalmente. Más aún, cuando los cuidados recaen desde la infancia, se acumulan costos que perpetúan la trampa intergeneracional de la pobreza. Durante la Conferencia surgieron miradas diversas sobre cómo avanzar hacia una sociedad del cuidado; sin embargo, aún persiste un gran reto: la arraigada división sexual del trabajo y la desfeminización de los cuidados. Detrás de esto hubo un planteamiento concreto y poderoso: no hay igualdad de derechos cuando la mitad de la población soporta la mayor carga del cuidado no remunerado. Si una democracia puede medirse por la igualdad de oportunidades y de tiempos entonces si los cuidados no se reconocen, redistribuyen y financian, la promesa democrática cojea.
El evento paralelo Voces que impulsan cambios: Estrategias para abordar los matrimonios y uniones, tempranas y forzadas en Latinoamérica, centró la discusión sobre un hecho indiscutible: hablar de uniones tempranas forzadas sin hablar de cuidados es mirar sólo la mitad del problema. Cuando una unión llega demasiado pronto, suele llegar también una carga desproporcionada de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados: menos tiempo propio, menos escuela, menos oportunidades. La prevención debe empezar temprano; debe incluir a los padres y las niñas, hablar con claridad sobre los impactos en la salud física y mental, y asegurar que las estrategias lleguen a aquellas quienes históricamente han sido excluidas: niñas y adolescentes indígenas y niñas con discapacidad. No todas las uniones responden a la misma historia, pero a veces estas uniones se dan como estrategia de supervivencia. Por eso, es importante que se asuma un compromiso no sólo desde las familias, sino también de las comunidades y el Estado orientado no sólo hacia la prevención; se necesitan medidas que garanticen mínimos vitales de alimentación y saneamiento para familias en mayor vulnerabilidad, servicios sociales accesibles desde la primera infancia, aliviar las cargas de cuidado que hoy limitan educación, salud, empleo, participación social y comunitaria y el desarrollo de proyectos de vida autónomos.
El evento paralelo Sin barreras: Prioridades e inversiones estratégicas para reducir el impacto de la carga de cuidados en mujeres adolescentes y jóvenes, trajo a colación vínculo importante y pendiente en la discusión sobre los cuidados: La educación sexual integral (EIS) puede (y debe) hablar de cuidados: las tareas de cuidado recaen temprano sobre niñas y adolescentes, condicionan su tiempo, su salud mental y sus oportunidades. La EIS debe anclar sus contenidos en la realidad cotidiana del cuidado: quién cuida, cuánto cuida, cómo se siente cuidando. La evidencia presentada mostró brechas de género tempranas en el uso del tiempo: las niñas dedican más horas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que sus pares varones y ese peso aumenta con el embarazo adolescente o las uniones tempranas.
Por eso, escuchar sus voces en las políticas de cuidado no es un gesto simbólico, es una necesidad. La EIS, entonces, tiene el potencial de contribuir a desmontar desde la infancia los mandatos de “buena hija” o “futura buena esposa”, abrir conversaciones sobre bienestar emocional y enseñar que los sueños y la independencia no tienen género. Al mismo tiempo, las políticas públicas deben acompañar: más servicios de cuidado, entornos seguros y tiempo protegido para estudiar, porque muchas y muchos “ni-ni” no lo son por desinterés, sino porque cuidan.
Por último, la discusión alrededor de las personas con discapacidad y los cuidados puso énfasis en la necesidad y urgencia de deconstruir paradigmas. Superar las ideas de que los cuidados de las personas con discapacidad le “pertenecen” a las mujeres y que las personas con discapacidad sólo son receptoras de cuidados, requiere no sólo de transformaciones culturales, sino también traer a la discusión pública las formas que las personas con discapacidad, particularmente las mujeres, cuidan al interior de sus hogares. Las apuestas políticas por el reconocimiento, la redistribución y la remuneración de los cuidados deben incorporar los enfoques de derechos, género e interseccionalidad. Hablar de cuidados centrados en la persona implica invertir en apoyos y en asistencia personal humana, así como promover la autonomía y la participación plena en concordancia con el artículo 19 de la CDPD.