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¿Qué es la Educación Sexual Integral?
La Educación Sexual Integral (ESI) es un proceso continuo de enseñanza y aprendizaje que brinda a las personas conocimientos, habilidades y valores para tomar decisiones libres, informadas y responsables sobre su cuerpo, su sexualidad, sus relaciones y su bienestar.
La ESI no se limita a la información biológica o reproductiva, aborda temas como el consentimiento, la prevención de violencias, la identidad, el placer, el autocuidado y la construcción de vínculos afectivos sanos. Su propósito es garantizar el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos desde un enfoque de derechos humanos, género y diversidad
¿Por qué es importante para las mujeres con discapacidad?
Para las mujeres con discapacidad, la ESI es una herramienta de autonomía y protección. Les permite conocer su cuerpo, comprender sus derechos, expresar sus deseos y poner límites. Sin embargo, en Colombia la mayoría de los espacios educativos y de salud no incorporan la discapacidad dentro de sus contenidos o metodologías.
Los resultados de los grupos focales realizados muestran que la ESI accesible prácticamente no existe: muchas mujeres con discapacidad no han recibido información clara, adaptada ni respetuosa sobre sexualidad, menstruación, anticoncepción o consentimiento.
Esta ausencia refuerza los estereotipos que infantilizan o niegan la sexualidad de las personas con discapacidad, y perpetúa su exclusión del derecho a decidir.
Garantizar una ESI inclusiva implica reconocer que todas las personas tienen derecho a aprender sobre su cuerpo y a vivir su sexualidad en condiciones de igualdad, con apoyos y entornos accesibles para comprender, preguntar y decidir.
¿Cómo está regulada la ESI en Colombia?
En Colombia no existe una ley que utilice de manera expresa el término Educación Sexual Integral (ESI); sin embargo, sí hay un marco normativo que regula la educación para la sexualidad como un componente obligatorio del sistema educativo.
La base normativa en esta materia se encuentra en la Ley General de Educación (Ley 115 de 1994), que concibe la educación sexual como parte de la formación integral. En particular, el artículo 13 incluye entre los fines de la educación el desarrollo de una conciencia para una sexualidad responsable, sana y libre, y el artículo 14 establece la educación sexual como un área obligatoria que debe ser incorporada por las instituciones educativas en sus proyectos pedagógicos. Aunque esta Ley no emplea el término “educación sexual integral”, sí fija la obligación de abordar la sexualidad de manera formativa dentro del currículo escolar.
Sobre estos fundamentos se construyen regulaciones posteriores, entre ellas la Ley 1620 de 2013 y su Decreto reglamentario 1965 de 2013, que crean el Sistema Nacional de Convivencia Escolar. Esta normativa establece la educación para la sexualidad y la formación en derechos humanos, sexuales y reproductivos como ejes transversales de los procesos educativos en todos los niveles, reforzando el enfoque de derechos y la corresponsabilidad del sistema educativo en esta materia.
Además, la Política Nacional de Sexualidad, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos (2014-2023) aporta lineamientos importantes para integrar la educación en sexualidad desde un enfoque de derechos, género y diversidad. No obstante, esta política no está actualizada, pues su vigencia proyectada terminó hace algunos años y aún no ha sido reemplazada por una política más reciente.
En cuanto a los compromisos internacionales, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (Ley 1346 de 2009) no menciona de manera explícita la educación sexual; sin embargo, sí obliga a los Estados a garantizar el acceso a la información y a los servicios de salud, incluida la salud sexual y reproductiva (artículo 25), en condiciones de igualdad y con los ajustes razonables necesarios. Esto implica que los contenidos educativos y la información sobre sexualidad deben ser accesibles para las personas con discapacidad.
A pesar de este marco, en la práctica la ESI sigue siendo fragmentada, esporádica y capacitista, lo que impide que las mujeres con discapacidad participen activamente en procesos de aprendizaje sobre su sexualidad y sus derechos.
¿Una ESI para todas?
Desde la Corporación Polimorfas, este marco conceptual y normativo sobre la Educación Sexual Integral se pone en diálogo con las experiencias concretas de mujeres con discapacidad a partir del desarrollo de grupos focales, cuyos resultados se recogen en las infografías que se presentan a continuación.
Estos espacios de conversación permitieron identificar importantes falencias en el acceso a la educación para la sexualidad, asociadas, en gran medida, a la ausencia de una perspectiva de discapacidad y de género en los procesos educativos en sexualidad. Esta falta de enfoque ha generado una brecha en el acceso a la información, expresada en contenidos inexistentes, incompletos o poco adecuados, que en muchos casos fueron recibidos en etapas muy adultas de la vida, y luego de haber atravesado situaciones incómodas o vulneradoras.
Reflexiones de grupos focales 1
Reflexiones de grupos focales 2